La medicina en plena industria 4.0

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Autor: Jorge Laborda Molteni 
Consultor en Gastroenterología – Jefe de Servicio Hospital Privado de Comunidad.

El dinamismo en medicina es de tal naturaleza que para nadie es un secreto que la tecnología está cambiando nuestra vida en todos los aspectos. Los procesos de cambio están motorizados por nuevas tecnologías digitales de la información y la comunicación que, en sí mismas, constituyen un disparador para el progreso.

Desde la segunda mitad del siglo pasado, la humanidad viene emprendiendo una carrera contra su reloj biológico y los cambios producidos desde el comienzo de la era digital han colocado en una pista de vértigo la transformación de casi todo lo que dábamos por sabido dentro de un sistema impregnado solo de ciencia y técnica, cuyos avances en materia de salud, cada vez más veloces y disruptivos, siguen empujando los límites.

En la práctica de la medicina, debido a los marcados avances científicos en prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades, nos plantea el dilema si todo éstos cambios conducen a tener más medicina o una mejor medicina en tiempos de la cuarta revolución industrial, donde las tecnologías innovadoras además redefinirán el futuro del trabajo.

Cuarta revolución industrial que incluye desarrollos en campos previamente inconexos como la inteligencia artificial y el aprendizaje automático, la robótica, la nanotecnología, la impresión 3D, la genética y la biotecnología, donde nuevas habilidades y alfabetización digital tecnológica serán cruciales.

Nuevos paradigmas

En diez años veremos más avances médicos que en todo el siglo pasado. La medicina continúa aliándose de manera exponencial con la tecnología y prepara una revolución. Cuando Mark Zuckerberg anunció que iba a donar millones de dólares a la investigación médica, nadie se sorprendió. Bill Gates es el segundo mayor benefactor de la Organización Mundial de la Salud, solo detrás de Estados Unidos. Singularity University es una organización creada en Silicon Valley con el apoyo de compañías como Deloitte, Google, la Nasa y Cisco que tienen como objetivo expandir el conocimiento sobre el uso de tecnologías exponenciales para responder a las necesidades de la humanidad.

Google recopila nuestros datos genéticos, IBM afina el potencial de Watson, su inteligencia artificial, para el diagnóstico que se usa desde hace varios años en varios hospitales de EEUU, procesa más de 60 millones de páginas de texto por segundo.

Además sigue paso a paso el tratamiento de los pacientes y aprende de sus resultados, aprende constantemente, mientras una infantería de start-ups desarrolla miles de aplicaciones relacionadas con la salud, sumados a los progresos en robótica, telemedicina y ‘wearables’, dispositivos de medición que pueden llevarse en el cuerpo. Parte de esta nueva y sorprendente realidad favorecida por políticas de Estado, expertos en disrupción tecnológica, también grandes benefactores, un cambio de paradigma.

Medicina personalizada

La enfermedad ahora se aborda como un problema de ingeniería con un planteamiento multidisciplinar. Cuatro tecnologías avanzan a ritmo frenético, la inteligencia artificial, la computación, la genética y los sensores que monitorizan nuestras constantes. La inteligencia artificial ya se aplica para el diagnóstico. El siguiente paso, combinarla con el perfil genético y el ‘big data’ para lograr tratamientos cada vez más personalizados.

La medicina personalizada puede transformar para mejor la vida de la gente, ayudando a prevenir, diagnosticar y tratar a los pacientes de manera más efectiva y oportuna. En este contexto, los datos de calidad son fundamentales, permitirá predecir, controlar, manejar y tomar decisiones. Los pacientes se empoderarán y los médicos contarán con más y mejores herramientas para la toma de decisiones vitales, empleando además telemedicina, posibilidad de seguimiento complementario de sus pacientes de manera remota.

Nuevos aprendizajes

Hoy se plantea la visión que los profesionales de la salud deben ser educados para movilizar el conocimiento, participar en la resolución de problemas complejos, pensamiento crítico, gestión de personas, inteligencia emocional, flexibilidad cognitiva y la conducta ética de modo que sean competentes para participar en el sistema de salud en la atención centrada en el paciente, con equipos multidisciplinarios sensibles y conectados de gran responsabilidad social.

La implementación de esta visión requerirá una serie de reformas educativas e institucionales en un aprendizaje transformativo. El paciente moderno es un paciente informado y autónomo, acude al médico para una “segunda opinión”, pues la primera la obtuvo de internet que, frente a esta realidad y contexto, representan verdaderas razones para reconceptualizar la formación del médico actual y futuro.

La misión de la universidad a futuro va a ser que los alumnos sean ‘a prueba de robots’. Poco a poco, las cátedras van incorporando el uso de impresoras 3D, la simulación, la realidad virtual y la realidad aumentada. La enseñanza que se viene en todos los órdenes es el aprendizaje inmersivo, la inteligencia artificial, la educación permanente para que pueda adaptarse a los cambios en el mercado y reinventarse a lo largo de su carrera con innovación, empatía, trabajo en equipo, aptitudes humanas que serán cada vez más valoradas en el mercado laboral frente a la robotización y la educación experiencial en el denominado lifelong learning, aprendizaje para toda la vida.

Tecnologías cognitivas

Sin duda, el futuro pertenece a las innovaciones interdisciplinarias. La educación y la práctica médica actual debe centrarse en el conocimiento integrativo, combinando los conocimientos de los médicos de diferentes especialidades, una nueva versión de médicos integradores, con conocimientos multi y transdisciplinarios. Por otra parte, la naturaleza de los trabajos también está cambiando como consecuencia de la creciente adopción de tecnologías cognitivas y de la digitalización de procesos. La automatización, la robótica y los sistemas de inteligencia artificial están transformando la fuerza del conocimiento y la laboral. A su vez, las organizaciones se están rediseñando para tomar ventaja de la implementación de estas tecnologías ya presentes.

Control extra-tecnológico

La desencanto con una medicina que ofrece una tecnología deslumbrante que, al mismo tiempo, deshumaniza en proporción creciente, son factores que seriamente están amenazando la práctica médica. Cito a Hans Jonas (1995), quién dejó una profunda reflexión filosófica: “En aras de la autonomía humana, de la dignidad que exige que nos poseemos a nosotros mismos y no nos dejemos poseer por nuestra máquina, tenemos que poner el desarrollo tecnológico bajo control extra-tecnológico”. La tecnología sin coto despersonaliza, rompe la privacidad y desvirtúa valores humanos, tampoco es sorda, quien la hace sorda es el médico que la usa mal y le confiere poderes desmesurados.

Resulta desafiante vaticinar el futuro de la medicina, incluso en las próximas décadas, porque cada año sorprenden el nuevo conocimiento, las tecnologías y las nuevas terapias. Habrá muchos adelantos, algunos increíbles, pero ninguno conseguirá eclipsar a la clínica para promover estilos salutogénicos de vida si prevalecen la conciencia y la ética de la mano de una correcta organización sanitaria con creciente responsabilidad social sin ignorar la evolución biotecnológica. La principal misión de los médicos será monitorear de forma permanente la información de sensores, interpretar resultados y diagnósticos, crecientes aplicaciones de teléfonos inteligentes, ayudar a elegir dietas, medicamentos y tratamientos y dosis recomendados por las máquinas inteligentes según certezas. En otras palabras, los médicos serán cada vez menos reparadores de órganos enfermos y cada vez más intérpretes, consejeros de conductas y estilos de vida que potencien nuestra salud.

Vale repensar el tránsito de la medicina curativa a la preventiva, integrativa, factual (basada en evidencias científico-estadísticas) y predictiva, donde el buen hacer legitime los métodos clínico y epidemiológico en el majestuoso mundo de la vida con inspiración en la salud que no está solo en manos de los médicos y demás profesionales del sector. La salud y el futuro de la medicina, en su carácter multidimensional, trasciende lo biológico, está en manos de todos los actores sociales.

Tratar de predecir el futuro es un arte que aún nadie consigue. Sin embargo, se podrían inferir los cambios que se aproximan en la práctica de la medicina, concluyendo que el médico debe dar el gran salto a la tecnología, sin perder el humanismo garantizando la equidad en la atención y acceso a la salud con la invalorable colaboración y guía de un Estado verdaderamente asistencial y presente.

 

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