Caso Pérez Volpin: el juez, procesó a los dos médicos

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Consideró que el “incorrecto” proceder del endoscopista y la anestesista determinaron el desenlace fatal. Los embargó en 1,7 millón de pesos a cada uno. 

El juez Carlos Bruniard ordenó este jueves el procesamiento del endoscopista Diego Bialolenkier y la anestesista Nélida Inés Puente por la muerte de la periodista y legisladora Débora Pérez Volpin.

A ambos profesionales, además, les trabó un embargo a cada uno de 1,7 millón de pesos. Bialolenkier y Puente fueron los dos médicos que asistieron a Pérez Volpin durante la endoscopía que le practicaron el 6 de febrero de este año en el Sanatorio de la Trinidad Palermo, y que terminó con el fallecimiento de la paciente.

El rol del endoscopista

Respecto del anestesista, el juez apunta que “ no ha podido explicar qué causó que una paciente sin ninguna patología previa de relevancia para realizar un estudio de diagnóstico inocuo, durante su supuestamente correcta e inofensiva intervención, a minutos de comenzar, presentara el enorme desmejoramiento en su salud que finalmente terminó con su vida”.El juez detalla que los informes médicos revelaron una perforación en el tercio superior –esófago cervical- con una extensa hemorragia. “Precisamente dicha perforación fue la que permitió el pasaje de gas al mediastino generando neumomediastino, neumopericardio y neumotórax bilateral con la consiguiente sucesión de los hechos (…) De las constancias médicas y los informes de los expertos no surge que hubiese existido en el caso otra explicación al cuadro que en definitiva presentó la víctima”, describe luego de confirmar que Pérez Volpin no sufría “patologías preexistentes de causas inflamatorias, infecciosas, vasculares o neoplásticas idóneas para producir o contribuir a su muerte”.

La responsabilidad de la anestesista

En cuanto a la anestesista, considera que su accionar agravó la situación dentro del quirófano 6: “Advirtió tardíamente el cuadro que presentaba Pérez Volpin, y en el que había entrado en razón del proceder previo del endoscopista Bialolenkier; y que dicha demora y su posterior desempeño contribuyó al desenlace final luctuoso”.Bruniard asegura que Puente “confiada en que se trataba de un estudio de rutina en el cual estadísticamente no se registran complicaciones, desatendió los signos vitales de su paciente, recostándose en el equipo que la monitoreaba”, sin tener en cuenta que la responsabilidad del anestesiólogo no es sólo “evitar dolor” sino también “velar continuamente por las condiciones físicas del paciente durante todo el tiempo que se prolongue la práctica”.

El juez destaca que Hugo Botto, el médico que ingresó al quirófano cuando la situación ya era crítica, “en menos de un minuto y medio logró intubar a la paciente y oxigenarla debidamente” sin ningún instrumental especial, utilizando sólo “un laringoscopio de adulto”. En su descargo, la anestesista había asegurado que “una vez puesta la máscara laríngea,el aire únicamente puede ir a los pulmones, porque bloquea el esófago, así que el intercambio es entre la máscara y los pulmones, pero no con el resto de los órganos”. Eso también lo cuestiona el juez: “Ante la imposibilidad de intubar, Puente utilizó una opción que, si bien permitió el ingreso de aire al cuerpo, no lo hizo a los pulmones​” sino que, por el contrario, habría agravado el cuadro de barotrauma que había iniciado el endoscopista

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