PREVENCIÓN DEL CÁNCER DE MAMA, MÁS ALLÁ DE LOS MITOS

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Se calcula que 1 de cada 8 mujeres que hayan alcanzado la edad de 80 años habrá desarrollado la enfermedad en algún momento de su vida, y al no contar con vacunas que permitan evitar la patología (prevención primaria), la detección precoz es el método preventivo más eficaz para combatirla (prevención secundaria).

La doctora María Eugenia Azar, miembro de la Sociedad Argentina de Mastología, explica que:

“En general, el cáncer de mama es asintomático en sus estadios iniciales – salvo pocas excepciones, no duele ni suele presentar síntomas visibles que alerten del desarrollo de la enfermedad- por ello es fundamental realizarse los controles mamarios anuales para detectar el cáncer de manera temprana, cuando las posibilidades de curación son mayores y se aseguran mejores resultados estéticos.”

En nuestro país, el Consenso Nacional Inter-Sociedades – incluye a las Sociedades Argentinas de Medicina, Mastología, Radiología, Cancerología, entre otras- estableció la recomendación de que las mujeres asintomáticas y sin antecedentes familiares de cáncer de mama, se realicen una mamografía por año a partir de los 40 años, ya que esta herramienta de diagnóstico por imágenes se considera la más idónea para la detección temprana del cáncer de mama. Al respecto, la mastóloga destaca:

“La mamografía permite adelantarnos muchos años al diagnostico del cáncer, ya que podemos detectar el tumor en sus estadios iniciales, antes de que sea palpable o presente algún síntoma. No debe obviarse ni ser reemplazada por la ecografía o el autoexamen, que son estudios complementarios para ayudar a un diagnóstico temprano, pero en ningún caso sustituyen la mamografía.”

La SAM, a su vez, recomienda una mamografía de base a los 35 años en pacientes asintomáticas, y en caso de tener antecedentes familiares, el primer control debe hacerse 10 años antes de la edad en que el familiar tuvo cáncer de mama: “El principal factor de riesgo para desarrollar la enfermedad es ser mujer y cumplir años, por ello se recomienda la primera consulta en mujeres con estudios clínicos normales y sin síntomas a los 35 años, momento a partir del cual la incidencia de la enfermedad es mayor. Además, el riesgo aumenta cuando hay fuertes antecedentes familiares con cáncer de mama y ovario, por ello los controles en estas pacientes deben iniciarse antes”, desarrolla la especialista y agrega:

“Sexo, edad y antecedentes familiares de la enfermedad son factores de riesgo que no podemos evitar, por eso se los llama no modificables, pero existen medidas higiénico-dietéticas que podemos incorporar para reducir el riesgo de cáncer de mama: hacer actividad física regularmente, llevar una alimentación pobre en grasas y bajo contenido de alcohol, y mantenerse con un peso adecuado. Dado que uno de los principales factores de riesgo del cáncer de mama en la postmenopausia es la obesidad, estos hábitos son muy importantes. Por otro lado, si bien el hábito de fumar no está directamente relacionado con el cáncer de mama, se sabe que las fumadoras con cáncer de mama tienen peor pronóstico que las no fumadoras.”

Alrededor de la enfermedad circulan muchos mitos que, en lugar de favorecer el cuidado de la salud mamaria y los controles anuales con el mastólogo, llenan de temores a las mujeres y las alejan de la consulta: “No concurrir al médico porque ‘una no se toca nada’ no es aconsejable, por el contrario: la detección precoz consiste, justamente, en detectar el cáncer antes de que sea palpable. Aquí es importante aclarar que, si bien el autoexamen sirve para que la mujer conozca sus mamas y pueda registrar si aparece algo diferente, esta técnica no reduce la mortalidad por cáncer ya que no permite el diagnóstico temprano de la enfermedad. Sólo el examen efectuado por un especialista y los estudios pertinentes –principalmente la mamografía – permitirán un diagnostico oportuno, en los estadios iniciales del tumor”,  Fuente:   samas.org.ar

 

 

 

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