El lobo siempre será malo si solo escuchamos a Caperucita

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No todo lo que escuchamos es cierto. Lo sabemos y por lo tanto nos tenemos que acomodar a la incertidumbre que esto nos genera. Porque somos conscientes de que tras amables palabras, en ocasiones, se esconden oscuros intereses o sagaces manipulaciones. Por otro lado, también sabemos que no es bueno confundir la verdad con la opinión de la mayoría.

Filósofos clásicos como Platón o Aristóteles definían la verdad como aquello que se corresponde con la realidad. Ahora bien, el auténtico problema reside en que la verdad es como un cristal con muchas caras que puede verse desde distintas perspectivas. Mi verdad no será igual a la tuya, porque yo veo el mundo a través de mi experiencia personal, de mis emociones y mis sesgos.

No todo lo que escuchamos es cierto, pero suele decirse que la verdad siempre triunfa por sí misma porque la mentira necesita demasiados cómplices.

A menudo suele decirse aquello de que “el lobo siempre será malo si solo escuchamos a Caperucita” y, si bien es cierto que no es adecuado dar por válida una opinión atendiendo una sola voz, en ocasiones una única persona alberga en sí misma una verdad auténtica. Es pues necesario saber intuir y discriminar el simple ruido de la noble sinceridad. 

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