Cuando las harinas y los dulces son los grandes enemigos

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Dra. María Alejandra Rodríguez Zía

Lo que en medicina se conoce como compulsión a las harinas y los dulces está dada por una alteración de la bioquímica del sistema nervioso y luego, de todo el aparato hormonal.

Se trata de alimentos que suelen ser del agrado de todos, pero muchas veces su consumo puede tornarse compulsivo. Estados de ansiedad o nerviosismo que se calman al ingerir un chocolate son señales que deben tenerse en cuenta

Cuando una persona “necesita” harinas y dulces lo come todos los días, o lo va a comprar aunque sea a las tres de la mañana.

Un simple análisis de orina da cuenta de la deficiencia de un neurotransmisor llamado serotonina, que modula el humor y la compulsión de esas sustancias. En los dulces y chocolates se encuentra la materia prima para que el cerebro produzca serotonina.

Las terapias primero deben diagnosticar y, ante la presencia de serotonina baja, se le proporciona al paciente esa sustancia en forma de precursores para que las neuronas la incorporen y deje de estar en falta.

La disminución de precursores tiene dos razones. Una de ellas es el estrés: La tensión nerviosa genera un círculo vicioso, en el que sube el cortisol u hormona del estrés, causando un efecto neurotóxico, que en el cerebro disminuye la serotonina.

El estrés crónico ocasionado por la falta  de trabajo, un divorcio controversial, o una muerte, por mencionar algunos causantes  desencadena este tipo de conductas.

La otra causa es epidémica y está dada por la alteración de la flora bacteriana en el intestino –llamada disbiosis- producida por el consumo de “comida chatarra”. Cuando en la dieta predominan ese tipo de alimentos, ganan terreno las bacterias patógenas sobre el intestino delgado.

La compulsión es reversible?

Es totalmente reversible de manera natural sin dosis de droga artificial.

La disbiosis –detalló- se trata con lactobasilos, mientras que el estrés se nivela con sustancias naturales, que se administran de manera sublingual o intravenosa para garantizar su absorción.

El primer signo de éxito del tratamiento es que el paciente se olvida de ir a comprar chocolate o ve dulces y no se tienta. Las personas manifiestan que pueden gobernar lo que comen y realmente deciden ellas por sí mismas y no el plato de comida decide por ellas.

 La relación entre obesidad y compulsión

Las causas de la obesidad en el mundo son adquiridas en el 75% de los casos. El consumismo y la imposición de alimentos nocivos para la salud están al alcance de todos, por lo que bien podría decirse que la epidemia fue creada. La visión de la Medicina Biomolecular de este problema se focaliza en el estrés entendido como una alteración de la bioquímica del sistema nervioso y luego, de todo el aparato hormonal.

Por qué alguien tiene compulsión por las harinas y los dulces?

Lo primero que pasa es que las personas dejan de comer por mucho tiempo (hacen ayunos de más de 4 horas). Además, de desayunar muy poco (dos galletitas o tostadas y alguna infusión), con lo cual ya acumulan 8 a 10 horas de ayuno de la noche anterior.

Así es que sienten que tienen energía para salir a trabajar porque la hormona del estrés normal -cortisol- sube naturalmente por la mañana. Si el día fuera muy difícil aún subirá más y, junto con el cortisol, aumentará la adrenalina cerebral. El cortisol y la adrenalina harán que la persona pueda cumplir con sus actividades todo el día porque aumentan la glucosa en la sangre sacándola del hígado, hasta que se agote”.

En la mayoría de los casos, el almuerzo pasa casi de manera inadvertida,  la glucosa en la sangre sigue en aumento y comienza, en paralelo, el aumento de la insulina. La insulina es la hormona por excelencia formadora de grasa, destacó la médica, para luego remarcar que al terminar el día, la persona seguramente casi no merendó y llega a su hogar muy cansada. Así es que a las 20, el cortisol y la adrenalina normalmente caen y con ellas también el azúcar en sangre, pero el hígado ya no tiene reservas.

La falta de azúcar en la sangre genera una respuesta del cerebro de compulsión. Éste no deja pensar ni decidir la calidad de los alimentos que se comen y lo que más ‘pide’ son harinas y azúcares.

Así, la compulsión por comer harinas comenzó a raíz de un gran ayuno, tras el que el cerebro necesitará glucosa, que es lo único de lo que se alimenta. De este modo se cierra el círculo vicioso y enfermante que produce panza, ‘rollos’, u obesidad visceral, todos sinónimos de lo que en medicina se denomina síndrome metabólico.

Tratamiento biomolecular 

Si las personas tienen una deficiencia en la absorción de triptofeno que proviene de la dieta, entonces hay que equilibrar sus deficiencias, en medicina biomelcular lo hacemos a través de nutrición farmacológica sublingual, con 5-hpt (5-hydroxytryptophan) que es triptófeno previamente tratado para que en dosis sublingual pueda ser bien absorbido por el hígado. Una vez que el paciente está compensado en sus niveles de serotonina entonces se trabaja en sus hábitos de vida, para que pueda mantener el equilibrio bioquímico de su cerebro. Dentro de estos hábitos saludables que ayudan a mantener el equilibrio bioquimico del cerebro están: la meditación, la actividad física, las actividades recreativas  y las creativas, tener una buena sexualidad y dormir bien, una alimentación saludable que incluya alimentos con triptofeno como carnes rojas y legumbres.

Naturalmente la necesidad por los chocolates irá desapareciendo.

 

Dra. María Alejandra Rodríguez Zía  M.N: 70.787

Médica Clínica UBA /  Endocrinología UBA

http://www.orthomolecular.com.ar/

 

 

 

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