Diarrea del viajero: ¿a quién afecta más?

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Tienen un mayor riesgo “aquellos que presenten patologías o condiciones físicas que interfieran con la respuesta inmune”. Es decir: los niños y adolescentes, donde el sistema inmune está en desarrollo; personas que reciben tratamiento con inmunosupresores, como los trasplantados o los pacientes de la enfermedad de Crohn en tratamiento con azatioprina; mujeres embarazadas; diabéticos y otros pacientes crónicos; personas con VIH; pacientes con neoplasias hematológicas y de órgano sólido; aquellos tratados contra la acidez gástrica con antiácidos e inhibidores de la bomba de protones (como el omeprazol); y los pacientes con cirugías gástricas como gastrectomías.

“las personas que toman fármacos que reducen el ácido gástrico, como antiácidos, bloqueantes H2 e inhibidores de la bomba de protones están expuestos a sufrir este tipo de patologías con mayor gravedad”.
También se deben tener en cuenta en el riesgo de contagio los factores del destino: a mayor pobreza, mayor será la incidencia, y cuanto más larga sea la estancia, crecerán los riesgos de padecer esta dolencia gástrica.

Son “más frecuentes los casos en los meses de verano” y más habituales en el turismo de aventura: “Tiene mayor incidencia que un viaje organizado a un resort”.

Tanto los alimentos como el agua pueden ser la fuente de infección. “Los viajeros que evitan beber agua local pueden infectarse de todos modos al cepillarse los dientes con un cepillo mal enjuagado, tomar bebidas embotelladas con hielo hecho con agua local o consumir alimentos manipulados de manera inapropiada o lavados con agua local”, advierte.

Problema muy común

Los gérmenes que suelen estar implicados son la Escherichia coli, Shigella, Salmonella, Campylobacter, Rotavirus y Giardia Lamblia.

Se considera que un caso es grave si aparecen uno o varios de los siguientes síntomas: fiebre alta; nauseas y vómitos que impidan la correcta alimentación e hidratación; si la diarrea se mantiene una semana después de comenzar una dieta astringente; sangre o mucosidad en las heces; y signos de deshidratación, como sequedad de piel y mucosas y orinas muy concentradas y de escasa cuantía. En todos estos casos, habrá que derivar al médico para que haga una valoración.

 

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