¿21 días para formar un hábito?

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Las acciones motivadas por objetivos pueden convertirse en hábitos?

En los años 50, un cirujano plástico, el Dr. Maltz, comenzó a notar que cuando realizaba una operación, sus pacientes necesitaban 21 días para acostumbrarse a su nueva cara, si había realizado una cirugía de nariz, por ejemplo, o, en caso de amputaciones, que la persona se adaptara a esta nueva situación. Entonces empezó a investigar cuánto tiempo le llevaba a él adquirir hábitos y llegó a la conclusión de que se requiere un mínimo de 21 días para que una imagen mental vieja se disuelva y se pueda formar una nueva. Su libro acerca de este tema fue un gran best-seller. A partir de ahí, su trabajo influenció a muchos escritores de libros de autoayuda.  Pareciera que la información se transmitió un tanto distorsionada. Así se empezó a esparcir esta idea, y mucha gente entendió que el 21 era un número mágico. De esta forma, se formó el famoso mito en relación a la formación de hábitos.

Si bien parece muy motivador creer que en ese período de tiempo podemos modificar nuestra vida, veamos qué dicen algunos científicos que han estudiado el tema. La Dra. Phillipa Llaly (2009), investigó sobre este tema y llegó a la conclusión de que el tiempo para llegar al nivel de automaticidad, dependiendo de la persona, variaba entre 18 y 254 días.  Notó que la repetición de una conducta en forma consistente, aumentaba la posibilidad de que esa conducta se convirtiera en hábito.

Cuando realizamos una acción por primera vez, necesitamos planificarla, aunque solo lleve unos momentos de atención antes de realizarla. A medida que vamos repitiendo esas acciones en determinados contextos, empiezan a volverse más automáticas y requieren menos tiempo de planificación previa. Los hábitos nos ayudan ya que nos liberan de la necesidad de estar desarrollando estrategias todo el día para hacer acciones básicas: preparar un té, andar en bicicleta, darnos una ducha y también algunas rutinas un poco más complejas.  Los hábitos son una gran ayuda, ya que nos permiten no tener que estar decidiendo nuestros actos todo el tiempo. Las rutinas nos ahorran tiempo, y liberan nuestra atención para hacer otras cosas que nos importan.

Sin embargo, hay hábitos que no nos sirven, y no son saludables. Según la ciencia, es más difícil perder un hábito, que incorporar uno nuevo. Una investigadora y profesora de Neurociencia en el Departamento del cerebro y ciencias cognitivas del MIT, Ann Graybiel (2005) demostró los patrones neurales en zonas específicas del cerebro cada vez que se modifica un hábito.  Las neuronas cambian su forma de relacionarse entre ellas cada vez que un nuevo hábito es adquirido. Sin embargo, es asombroso notar que es mucho más complicado revertir el proceso. Estos patrones ocurren en los ganglios basales, una región cerebral donde se alojan los hábitos, las adicciones y los aprendizajes, especialmente de procedimientos. Según sus estudios, los hábitos más arraigados no se eliminan del todo, lo cual explicaría por qué es muy difícil para algunas personas dejar de fumar o de comer compulsivamente.

¿Cuánto tiempo lleva realmente formar un hábito nuevo?

De acuerdo al estudio de la Dra. Llaly, el promedio es 66 días. Eso depende del tipo de conducta, de la persona y de las circunstancias. El estudio también demuestra que si la conducta se saltea en alguna oportunidad, eso no afecta el proceso de formación del hábito. Es decir, construir buenos hábitos no es cuestión de todo o nada.

Todos los hábitos que tenemos, ya sea que nos hagan bien o no, son el resultado de pequeñas decisiones, conscientes o no conscientes, que vamos tomando a lo largo de nuestras vidas. Cuando queremos realizar un cambio, es necesario recordar que nos llevó mucho tiempo llegar hasta aquí, y necesitamos prepararnos internamente para modificar eso que ya hemos guardado en nuestro sistema neurológico. Las transformaciones no ocurren de la noche a la mañana. Nuestra vida actual es la suma de todos los hábitos que fuimos adquiriendo.

Todo lo que hacemos y pensamos en forma repetida va moldeando quienes somos. Hay hábitos relacionados con conductas, otros con pensamientos y también otros que están relacionados con nuestro sentido de identidad. El profesor de Stanford B.J. Fogg sugiere que para adquirir un hábito, como por ejemplo, usar hilo dental, debemos comenzar con una pequeña acción, aunque sea insignificante. No importa cómo lo hagamos, sino que pensemos en convertirnos en el tipo de persona que realiza ese hábito. Para que un hábito perdure, debemos asociarlo con algún tipo de placer o recompensa, por ejemplo, la celebración y reconocimiento de que estamos yendo por buen camino. Es importante también asegurarnos de que los hábitos que deseamos construir sean realmente significativos para nosotros, es decir, que sean iniciados y mantenidos por nuestro propio deseo y no porque suponemos que debemos hacerlo para complacer a otra persona.

Según James Clear, escritor que se ha dedicado a investigar este tema,  la clave para construir hábitos a largo plazo es “crear” una nueva identidad primero.  Las conductas actuales reflejan la identidad actual. Lo que hacemos es un espejo del tipo de persona que creemos que somos. En la misma línea, Rafael Echeverría, el creador de la ontología del lenguaje, dice: “El mayor desafío que enfrentamos los seres humanos no es el conocernos a nosotros mismos. El mayor desafío es el de inventarnos a nosotros mismos. Los seres humanos participamos con los dioses en el acto sagrado de nuestra propia creación”.

Si cambiamos la noción de quienes somos, es más sencillo crear nuevos hábitos. Es por eso que a través de disciplinas como el coaching ontológico, que  apunta a una descripción nueva de nuestra identidad,  a  través de la PNL, que trabaja profundamente en las creencias que potencian o limitan a una persona,  de la Neuroeducación que aporta información útil acerca de la neuroplasticidad, o del Mindfulness o atención plena, que nos lleva a grandes niveles de conciencia de nuestras acciones, se puede crear hábitos elegidos y duraderos, que contrarresten los que ya no queremos tener y parece tan complicado desactivar.

Laura Szmuch 
Entrenadora PNL
Coach ontológico modelo transformacional
Coach con PNL (ICC)
Magister en Psicología cognitiva y aprendizaje, FLACSO
www.lauraszmuch.com.ar

 

 

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