Síndrome del payaso triste

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En una  persona exitosa, el poder y la situación económica, en vez de ser una ayuda para facilitar un tratamiento eficaz, puede convertirse en un obstáculo.

De la misma manera que a un diabético se le sube o se le baja el azúcar o a un hipertenso se le dispara la presión, a un depresivo se le produce una alteración bioquímica en el cerebro que lo convierte en el ser más triste del mundo. Así sea el comediante más talentoso del mundo. Por eso, ser exitoso, poderoso, adinerado o un artista de la dimensión de Robin Williams, no lo excluye de ser su víctima: el actor estadounidense se suicidó el pasado 11 de agosto en una fase depresiva. Se define este mal como una pérdida de la capacidad de disfrute. Es distinta a la tristeza, que es una respuesta normal en el ser humano cuando a una pérdida.

La depresión obedece a una alteración bioquímica que lleva al paciente a experimentar incapacidad para disfrutar las cosas cotidianas y simples de la vida. El depresivo pierde seguridad, interés, emoción. Se trata de la disminución de la serotonina y la noradrenalina. Y si la depresión es severa o crónica, se acompaña de conductas autodestructivas.

Un informe de BBC Mundo cita un estudio de la Universidad de Oxford que muestra una relación entre humor y bipolaridad. Especialistas de Inglaterra que coinciden en que la chispa del buen humor funciona como una vía de escape para los depresivos como una forma de esconder sus tristezas profundas. Fenómeno que coloquialmente se llama “el síndrome del payaso triste”

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