Evita, su enfermedad y el manejo de la información……

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Introducción
Cada 26 de julio es el aniversario de la muerte de una de las mujeres más
querida y a la vez más odiada de la Argentina.
Eva Perón representó el ideal de mujer para muchos y al mismo tiempo fue y es una de las personalidades más controvertidas de la historia moderna mundial.
Nació en un humilde pueblo de la provincia de Buenos Aires, Los Toldos, del que partió cuando sólo tenía 13 años.
Los diecinueve años posteriores la encontraron intentando ser una modesta y
oscura actriz de radio, teatro y cine , enamorando a un militar argentino mucho
mayor que ella, que admiraba los regímenes de derecha que se instalaban en Europa, sobre todo en Italia (Mussolini) y en Alemania (Hitler) y que paradojalmente despertaba la simpatía y la adhesión de las clases más humildes y más pobres que habitaban el suelo argentino.
El Coronel Perón se enamoró de esta chiquilina, con quién se casó y
posteriormente, ya Presidente Constitucional de los argentinos, Evita se erigió en Primera Dama, cargo que supo ocupar con valor y poder, hasta hacer oscurecer por momentos la figura de su marido.
La enfermedad
En enero del año 1950, a raíz de una operación de apéndice (apendicectomía), el médico que la interviene, Oscar Ivanissevich destacado cirujano y Ministro de Salud de la Nación, advierte que no sólo estaba inflamado el apéndice sino que había un proceso tumoral den el cuello del útero. Inmediatamente le indica a la Sra. de Perón que debe operarse. Este dato nunca pudo ser corroborado y hay autores que sostienen esto, mientras otros lo niegan y afirman que Evita nunca supo la verdad sobre su enfermedad.
El edecán militar de turno redactaba partes diarios que el Presidente Perón leía;
La Señora pierde mucha sangre pero no quiere que llamen a los médicos. Se
encierra en el baño de su despacho y se cambia discretamente los algodones.
Pierde sangre a chorros. Imposible discernir cuándo se trata de la enfermedad y
cuándo de la menstruación”

carcinoma epidermoide del cervix

Por fin, en un examen ginecológico, al descubrirse una extensa úlcera en el cuello del útero, se le practica una biopsia que confirma el diagnóstico, la Sra. Eva Perón
presentaba un carcinoma epidermoide de cuello uterino y los médicos le pronosticaron 6 meses de sobrevida. El cuadro hemorrágico era tal, que como
paliativo le hicieron radium intracavitario. Todos los especialistas argentinos consultados coincidieron en que había que llamar de urgencia a un destacado
cirujano americano del Memorial Sloan-Kettering Cancer Center de Nueva York, el
Dr. George Pack (1898-1969)
“El cirujano imperialista”
Perón, embarcado en la campaña electoral para acceder a su segundo mandato, y con todo un discurso anti yanqui, no podía aceptar y mucho menos permitir que el pueblo supiese que un médico norteamericano vendría a operar a Evita, aparte el General siempre declamaba que los “mejores médicos son los nuestros”(en obvia alusión a los galenos argentinos)
La Embajada Argentina en Washington había gestionado secretamente el viaje del Dr. George Pack a Buenos Aires, quién previamente y a raíz de una visita por un congreso tuvo oportunidad de examinarla, sin que ella misma lo sepa
(seguramente anestesiada), a la ilustre paciente.
La más prestigiosa escuela de cirujanos con que contaba Argentina (y
probablemente Sudamérica) era sin duda la de los hermanos Finochietto, Enrique y Ricardo formaron una pléyade de cirujanos, crearon instrumental, técnicas quirúrgicas (que aún hoy en día se usan) y escribieron trabajos y libros de cirugía, dentro del marco del ya desaparecido Hospital Rawson de la Ciudad de Buenos Aires donde ejercían la profesión.
La operación
Evita siempre creyó que Ricardo Finochietto la había operado, cuando en realidad
en Noviembre del año 1951 es el Dr. Pack quién luego de esperar que la
anestesia que le practicara el Dr. Roberto Goyenechea la durmiera, entra al
quirófano para realizarle una histerectomía radical con vaciamiento ganglionar.
El eminente oncólogo americano pudo comprobar que el tumor ya había
sobrepasado los límites del útero y comprometía órganos vecinos.
Posteriormente la paciente recibió radioterapia externa.
El Dr. George Pack permaneció en el país hasta que la enferma se recuperó de la operación y partió luego hacia los Estados Unidos.
Mientras los historiadores argentinos, Borroni y Vaca sostienen que Pack cobró $10.000 por su trabajo, Barron Lerner, de la Universidad de Columbia, Nueva York, EEUU, afirma que el cirujano estadounidense no cobró por sus servicios.
El Fin
Más allá de todo esto, la enfermedad recurrió rápidamente y una nueva biopsia
confirmó que el cáncer estaba presente nuevamente.
Ya en mayo de 1952, y con metástasis pulmonares, Pack envió a Buenos Aires el
primer citostático con que se contó para la quimioterapia del cáncer, la mostaza
nitrogenada.
Probablemente Evita fue la primera persona en Argentina en recibir esa medicación, que lamentablemente no logró ningún efecto terapéutico y en un estado de caquexia neoplásica, fallece el 26 de julio de 1952, pesando solamente 36kg.
Política, enfermedad y manejo de la información
El cáncer es un problema médico, económico y social
Médico, porque es la segunda causa de muerte después de las enfermedades
cardiovasculares y la tendencia es que en aproximadamente 20 años sea la
primera causa de muerte.
Económico, ya que se gastan billones de dólares en investigación y las pérdidas
son millonarias cuando se calculan las horas de trabajo perdidas por esta
enfermedad y los gastos que demandan los tratamientos.
Y por último, es un problema social, ya que tener cáncer es “un estigma”,
descalifica, crea temor, recha zo, miedo al contagio, no se lo llama por su nombre
y es habitual escuchar o leer que determinado actor, político, músico, etc., padece
“un terrible mal” o que determinado personaje falleció luego de “una prolongada y
triste enfermedad”, es decir, al CANCER NO SE LO NOMBRA.
¿Cómo imaginar entonces que en la década del ´50 se haya dicho y aceptado que Evita tenía cáncer?
El cáncer era lo que anteriormente había sido la lepra, más tarde la tuberculosis y lo que después sería el sida, es decir enfermedades vergonzosas de padecerlas.
¿Cómo una Primera Dama podía tener cáncer y encima de cuello de útero, con lo
que significa estar enferma en un órgano que hace a la esfera genital y a la
sexualidad ?
Como leímos previamente, hubieron razones políticas (la reelección del General
Perón a la presidencia), razones familiares (la familia de Eva se negaba a decirle
la verdad) y razones personales (el historiador argentino, Fermín Chávez asegura
que Evita decía: “No estoy enferma, a mí no me van a operar…..”)
“Se puede intentar tratar a un político como cualquier otro paciente, pero las
implicancias de sus decisiones pueden ser muy significativas. Los médicos no
debemos olvidar de tratar a las figuras públicas primero y principal como
pacientes” concluye Lerner en su excelente trabajo.
El caso de Eva Perón sirve para ver que figuras relevantes de la actividad política, no sólo pueden enfermar, sino que todo el entorno podrá tratar de ocultar la verdad, sin evaluar el daño que produce vulnerar los derechos de los pacientes a saber la verdad sobre su enfermedad y sobre su evolución.
Cada uno de nosotros es dueño de su propio destino y de su propia vida y no es
un deber sino un derecho conocer el mal que nos aflige para poder proyectar nuestra existencia más allá de los tiempos.
No obstante estas consideraciones, el atender médicamente a grandes personalidades generará importantes conflictos éticos que sólo la razón, la
experiencia y la honestidad profesional y personal resolverán.

Bibliografía consultada
1°) Diario Clarín (Versión digital)”Ella no quería un norteamericano” 5 de junio de 2000
2°) Diario Clarín (Versión digital)”Evita y el cirujano fantasma” 5 de junio de 2000
3°) Huñis, Adrián Pablo, “Breve Historia de la Quimioterapia del Cáncer”, Bs. As. 1999
4°) Lerner Barron, The illness and death of Eva Perón: cancer, politics, and
secrecy The Lancet (Versión digital) Volumen 355, Número 9219, 3 de junio de 2000
5°) Martínez, Tomás Eloy, “Santa Evita”, séptima edición. Editorial Planeta, septiembre de 1995

Autor: Dr. Adrián Pablo Huñis
Docente Adscripto de Medicina Interna (UBA)
Director de la Carrera de Médico Especialista en Oncología (UBA)
Profesor Titular de la Cátedra de Oncología (U. Maimónides)
Director y Jefe de Oncología del Centro Oncológico Buenos Aires
(Institución Afiliada a la Facultad de Medicina de la UBA)
www.coba.org.ar

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