Salud pública: ¿Por qué no aprendemos de los otros?

41

Esteban Lifschitz Salud pública

En todos los ámbitos, evitar errores a partir de la experiencia de terceros resulta una muestra de madurez, pero por algunas razones a los argentinos nos cuesta aprovechar las lecciones aprendidas. Bertrand Russell, filósofo británico y Premio Nobel de Literatura colaboró con su famosa frase “habiendo tantos errores por cometer, no vale la pena cometer dos veces el mismo” pero aun así no logramos superar el ego interno del “todo lo puedo”.

En salud, ello ha repercutido negativamente en los resultados obtenidos, tal como lo demuestran los 22 años de esperanza de vida ganados por Chile en el mismo plazo en el que Argentina mejoró solamente 11. Pueden reconocerse ejemplos concretos para considerar en países de la región, como el seguro de enfermedades catastróficas que construyó Uruguay (Fondo Nacional de Recursos) que permite que todos los pacientes con enfermedades caras como el cáncer, sean tratados de la misma manera. No asoman como adecuadas excusas tales como “Uruguay es un país chico” o “no somos Suecia” para justificar que no se aprovechen las evidencias para formular políticas.

Uno de los proyectos insignia de esta gestión en materia de salud es la denominada Cobertura Universal en Salud (CUS), la cual se propone como un elemento de protección social para quienes no tienen obra social o prepaga. Pero se sustenta en una Canasta Básica de Prestaciones, diferente al PMO (Programa Médico Obligatorio) al que continuarán accediendo quienes tengan una cobertura de seguros en salud.

A nivel mundial, el mayor problema de salud es que mejoran los resultados, pero empeora la inequidad. Y Argentina no escapa a esa situación.

No sería mala idea aprovechar la experiencia colombiana en esta materia, país que encabezó la reforma sanitaria más avanzada de los últimos años en la región, a través de la Ley 100 de 1993. Inicialmente, en ese país se habían definido 2 paquetes de beneficios para la población (llamado POS, Plan Obligatorio de Salud), de acuerdo a la capacidad de pago de cada persona. Así, se estableció un POS para el denominado régimen subsidiado (aun con diferencias, se correspondería en nuestro país con quienes sólo tienen cobertura del sector público) y otro POS para el régimen contributivo (en Argentina serían quienes cuentan con obras sociales o prepagas). Durante la nueva reforma del año 2011, los colombianos consideraron que la coexistencia de 2 paquetes diferentes traía de la mano inequidades en salud y una calidad deficiente, decidiendo la unificación del POS.

Tampoco estaría mal mirar hacia el oeste y aprovechar las buenas prácticas surgidas de las denominadas Garantías Explícitas en Salud de Chile. Allí, en lugar de un paquete de prestaciones (como es nuestro PMO) se definieron las denominadas Líneas de Cuidado, mediante las cuales todos los pacientes que presentan una misma necesidad acceden a una serie de prestaciones independientemente de quien financie su salud (FONASA para quienes no tienen cobertura o las ISAPRES, similares a nuestras prepagas) Estamos a la puerta de contar con una Agencia Nacional de evaluación de tecnologías sanitarias en Argentina, la cual se debate en el Congreso de la Nación. La misma es una herramienta de reconocido impacto para reducir inequidades en salud a partir de evaluar el real aporte de un medicamento, procedimiento o aparatología para la salud de la población y si vale la pena que sean incluidos en el listado de prestaciones cubiertas por el sistema de salud. Aprovechando la experiencia colombiana con el POS y la creación de su Agencia de evaluación de tecnologías sanitarias (IETS) o la brasileña con su CONITEC, esta Agencia debiera definir un PMO único, para todos los habitantes del país, independientemente de su cobertura (pública, obras sociales o prepagas). No parece razonable plantear la coexistencia de un paquete de beneficios para pobres y otro para ricos.

A diferencia de otros países, Argentina cuenta con oferta pública para encarar ese camino, por lo que el mayor esfuerzo debiera estar en el plano normativo y de incentivos.

Obviamente que podemos seguir encontrando críticas al camino recorrido por Colombia, Uruguay, Chile o tantos otros, pero impresiona que ha llegado el momento de alinear el discurso con las medidas que nos acerquen a mejores resultados en salud, ya que como expresó en su tiempo Confucio, “si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces, entonces estás peor que antes”.

Esteban Lifschitz es Director de la Carrera de Médico Especialista en Evaluación de Tecnología Sanitaria. Facultad de Medicina de la UBA.

5