El “hombre cascanueces” nos pasó el herpes genital

9

Cuando nuestro linaje se separó de los precursores de los chimpancés hace unos 7 millones de años, la humanidad ya sufría el molesto herpes oral, provocado por el virus HSV1, pero esquivó el balazo de su otra variante, el HSV2, causante del aún más terrible herpes genital. Sin embargo, en algún lugar de África hace entre 3 y 1,4 millones de años, alguien hasta ahora desconocido, pegó la enfermedad a nuestros antepasados. Un equipo de científicos de las universidades Cambridge y Oxford Brookes cree haber identificado al culpable: se trata de Paranthropus boisei, un homónimo bípedo, de la tribu zoológica a la que pertenece nuestra especie, más conocido como el «Hombre cascanueces» por sus enormes mandíbulas y dientes.

En un estudio publicado en la revista Virus Evolution, los investigadores sugieren que P.boisei, robusto, con un cerebro pequeño y una cara parecida a un plato, probablemente contrajo HSV2 comiendo carne de chimpancés ancestrales donde la sabana se encontraba con el bosque. La infección se filtra a través de mordeduras o llagas abiertas.

Los homininos con HSV1 pudieron haber estado protegidos inicialmente del virus genital, que también ocupaba la boca. Eso es hasta que HSV2 «se adaptó a un nicho de mucosa diferente», explican los científicos. Un nicho localizado en los genitales.

El contacto cercano entre P.boisei y nuestro antepasado Homo erectushabría sido bastante común en torno a las fuentes de agua, como el lago Turkana de Kenia. Esto proporcionó la oportunidad para que el virus del herpes genital entrara de nuevo en nuestra línea de sangre.

Nos lo comimos

La aparición de Homo erectus hace alrededor de 2 millones de años estaba acompañada por evidencias de caza y el despiece de la carne. Una vez más, el consumo de «material infectado» habría transmitido el virus, pero esta vez fue P.boisei el devorado.

«El herpes infecta todo, desde los humanos hasta los corales, cada especie tiene su propio conjunto específico de virus», dice la autora principal, Charlotte Houldcroft, viróloga del Departamento de Arqueología de Cambridge.

«Para que estos virus salten las barreras de las especies necesitan una mutación genética afortunada combinada con un intercambio de fluidos significativo. En el caso de los primeros homínidos, esto significa a través del consumo o el coito, o posiblemente ambos», señala.

Y como dicen los investigadores, una vez que HSV2 gana la entrada a una especie se queda. Se transmite fácilmente de la madre al bebé, así como a través de la sangre, la saliva y el sexo. El virus «habría avanzado por África de la manera en que avanza en las terminaciones nerviosas en nuestros órganos sexuales: lenta pero infaliblemente», señala Houldcroft.

El equipo cree que su metodología puede utilizarse para desentrañar los misterios de transmisión de otras enfermedades antiguas, como los piojos púbicos humanos, también introducidos a través de un homínido intermedio de gorilas ancestrales hace más de 3 millones de años.

5